Hoy entrevistamos para Museos de Corrientes al Director del Museo de Arte Contemporáneo Fabricio Escobar Galarza. Una tarde de calurosa de febrero, el nuevo director del MACC nos concedió un espacio en su nutrida agenda y, a través de un diálogo cercano y reflexivo, pudimos conocer al profesional que asume el desafío histórico de conducir, junto a su equipo, este emblemático espacio museístico, proyectándolo  como un ámbito de referencia para el arte contemporáneo y la comunidad.

Sobre los inicios del Director del MACC

— ¿Cuándo empieza a definirse tu camino profesional?

Con certeza el ingresar a la Licenciatura en Arte, donde comencé a transitar una formación más coherente con mis intereses y sensibilidad, y empecé a transitar un camino mucho más alineado con lo que quería hacer.

Poco después, trabajando en una colección privada de Brun Cattaneo, se me abrió una oportunidad clave: obtuve una beca en gestión de arte. Ese fue otro punto de inflexión. Ahí entendí que lo mío no era necesariamente la producción artística desde el dibujo o la pintura, sino la gestión, la organización, el detrás de escena que hace posible que el arte circule.

— ¿Qué aprendiste en esa etapa?

Fabricio Escobar MACC

Aprendí todo. Desde la custodia y el registro de obras hasta los aspectos legales y burocráticos necesarios para préstamos a museos internacionales, como el Museo Reina Sofía o el Whitney Museum of American Art. Cuando trabajás en una estructura pequeña donde todo pasa por vos, el aprendizaje es integral: embalaje, documentación, seguros, movimientos de obra, rendiciones mensuales, gestión de presupuestos.

Esa experiencia me dio una formación técnica muy sólida. Además, trabajaba incluso los sábados a la mañana, pero lo hacía agradecido. Sentía que me estaba nutriendo profesionalmente. Sin embargo, como le pasa a mucha gente, en algún momento dudé: me pregunté si estaba en el camino correcto. Esa inquietud coincidió con la llegada de nuevos proyectos que volvieron a impulsarme.

— En paralelo, el carnaval también forma parte de tu historia.

Sí, desde 2007 participé junto a mi hermana como bailarín y luego como diseñador de trajes. Para mí, el carnaval es una parte fundamental de la identidad de Corrientes. Muchas veces se lo menosprecia, pero es cultura viva. Diseñar, producir, defender esa identidad fue una forma de militancia cultural. Con el tiempo entendí que mi compromiso con la identidad correntina también iba a atravesar mi trabajo en el arte contemporáneo.

— ¿Cómo fue tu etapa en Buenos Aires?

En 2014 me fui a vivir a Buenos Aires. Empecé a trabajar con artistas, luego en ferias y espacios vinculados al arte contemporáneo. Participé en producción y gestión en distintos ámbitos, incluyendo la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ArteBA y proyectos como Pinta Miami. Cada experiencia me permitió ampliar mi agenda de contactos y profesionalizar mi mirada.

También trabajé en un espacio en Recoleta de Cyntia Cohen que funcionaba como tienda–obra, una propuesta conceptual donde artistas reconocidos producían piezas en pequeño formato. Ese contacto directo con los procesos creativos fue clave. Empecé a frecuentar talleres, a dialogar con artistas, a entender la dimensión crítica del arte contemporáneo. Ahí encontré un lenguaje que me interpelaba profundamente.

Durante la pandemia, las redes se volvieron fundamentales. Desde Buenos Aires, los correntinos empezamos a generar circulación digital de obras de ArteCO, ventas virtuales y redes de apoyo. Esa experiencia reforzó mi capacidad de gestión y comercialización de obra artística.

— ¿Cuándo surge la posibilidad de volver a Corrientes?

Siempre tuve el deseo de volver. Cada vez que regresaba y veía el Museo de Arte Contemporáneo en construcción, pensaba que ese espacio podía cambiar la provincia. Cuando surge la propuesta de Lourdes Sanchez para asumir un rol de dirección, sentí que era el momento. Podría haber seguido en Buenos Aires, incluso tenía otro proyecto en vista, pero entendí que podía aportar mucho más en mi provincia.

Volver no fue un rechazo a Buenos Aires, donde aprendí muchísimo y fui muy bien recibido, sino una elección identitaria. Quería trabajar con correntinos, para correntinos. Sentía que mis raíces me llamaban.

— ¿Cómo asumís hoy esa responsabilidad?

Con mucha conciencia. No se trata solo de dirigir un edificio emblemático, sino de estar a la altura del trabajo de los artistas. Quiero que el museo sea su casa, que encuentren allí un espacio de legitimación, experimentación y crecimiento. Que puedan trabajar nuevas materialidades, formatos más contemporáneos, propuestas de mayor escala.

El Arte Contemporáneo al fin tiene espacio en Corrientes

Me interesa que el arte contemporáneo en Corrientes tenga campo real de desarrollo. Que los artistas sientan que hay un espacio que los acompaña. Que una familia pueda venir y ver la obra de su hijo o hija exhibida y sentir orgullo. Que el arte sea accesible, democrático, emocionalmente cercano.

También entiendo la gestión desde el ejemplo: trabajo a la par de mi equipo. Vengo del ámbito privado, donde la exigencia es alta y la rendición de cuentas constante. Creo en esa ética de trabajo aplicada a la gestión pública.

Un perfil único que vincula identidad, arte y gestión

En definitiva, es un recorrido donde identidad, gestión y arte siempre estuvieron entrelazados. Y donde cada etapa, incluso las dudas, fueron necesarias para llegar a este presente. 

En suma, hoy se concreta el regreso a Corrientes, con el compromiso de potenciar el arte contemporáneo local. Que sea un espacio abierto, cercano para el público. Y que nuestros artistas se sientan acompañados, visibles y valorados en su tierra y que se proyecten al mundo.

Queridos lectores, hasta la próxima entrevista. 

Lic. Museóloga Roxana González

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